La Sexta Herramienta: Gente real

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Carlos González conoció a Kobe Bryant, a quien reconoce como ídolo y no cuenta la experiencia.

Recuerdo lo mucho que me gustaba, cuando era más joven, jugar un buen partido de baloncesto en las horas libres en el colegio.

No todas las escuelas tienen un terreno de béisbol en el patio, así que no había más remedio, durante el recreo, que echar una “caimana” de basket y tratar de encestar unos cuantos balones. De allí en adelante, esta afición creció un poco más.

Comencé a ver la NBA y a fijarme en las grandes estrellas, figuras de nuestros tiempos como Kobe Bryant, a quien esta semana tuve la oportunidad de conocer al término de un partido entre los Lakers de Los Ángeles y los Suns de Phoenix.

Cada vez que tengo una oportunidad así, de compartir con competidores admirables, aprovecho para tomar todos los consejos posibles.

Trato de conversar sobre las trabas que el deporte, sin importar la disciplina, siempre te pone en el camino y cómo superarlas. Hace mucho estaba buscando este encuentro con Kobe para intercambiar con uno de los grandes del baloncesto todos los aprendizajes que nuestras carreras nos deja. Dos años atrás compré una entrada para ver a los Nuggets contra los Lakers, en Denver, pero ese único día que tenía libre el número 24 de Los Ángeles no saltó al tabloncillo. Por eso esta semana tenía que asegurarme de que lograría mi propósito y contacté a los amigos de Nike. Gracias a ellos pude concretar mis planes.

Para mi sorpresa, la hija de este gran jugador acaba de quedar MVP en su equipo de béisbol, lo que hace a Kobe un fanático de la pelota. Me preguntó sobre las expectativas para esta temporada que ya comienza.

No se fue sin darme algunos consejos sobre el trabajo duro que conlleva alcanzar la cima en cualquier deporte.

Aprecio su tiempo y, sobre todo, la calidad humana que todo deportista debe tener sin importar qué tan alto llegue. La humildad ante todo. Al despedirnos no dudé en entregarle una camiseta con mi número para su hija.

Varias lecciones me ha dado la vida en este terreno.

Compartir con ídolos como Ken Griffey Jr. o Albert Pujols confirman que peloteros, futbolistas, boxeadores, tenistas, todos son personas normales; con días buenos y malos, que tienen familias y su trabajo es destacarse en un deporte, pero sin perder sus raíces.

Estos son grandes ejemplos a seguir para mí que quise compartir con ustedes a través de esta columna. Mantendré siempre en mente estas experiencias para seguir fiel a quien soy: el hijo de Lucila y Euro, que en una ciudad pequeña como Maracaibo comenzó a soñar en grande y ahora cosecha el producto del trabajo y años de sacrificios. Si yo pude hacerlo ustedes también.

¡Hasta la próxima!