El Emergente: Daniel Farquhar y otros agujeros negros

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¿Cuántos venezolanos han pasado por las grandes ligas? La pregunta es capciosa, ya que puede tener un puñado de respuestas

Daniel Farquhar subió al montículo del Fenway Park el 13 de septiembre de 2011, en medio de un ataque despiadado de los Medias Rojas.

El derecho dio lo mejor de sí, todo lo que había aprendido en cuatro años como pelotero profesional. Pero Boston estaba imparable. Ya ganaban 14 carreras por 5 cuando el novato entró a relevar. Era la parte baja del octavo inning. Todo estaba perdido.

Farquhar trató de limitar el daño, recurriendo a sus mejores envíos. No todos los días alguien debuta en las grandes ligas. Pero aquellos patirrojos de Terry Francona vivían todavía de las rentas del bicampeonato obtenido por la franquicia en la primera década de este siglo. El recluta pagó por ello.

Su estreno fue tan gris como la visita de los Azulejos a Nueva Inglaterra. El prospecto recibió tres hits y regaló dos boletos. Tuvo que ser auxiliado después de dos outs. En total le hicieron cuatro carreras.

Muy poca gente en Venezuela se enteró del debut de Farquahr o de lo mucho que le costó tratar de cerrar el primer inning de su recorrido en las mayores. Quizás alguno de sus parientes por el lado materno. Puede que nadie más.

En aquel aciago partido hizo su debut uno más entre los casi 300 venezolanos que han llegado a las mayores. Casi nadie lo sabía.

Farquhar es hijo de una mujer venezolana. Según la Constitución Nacional, eso lo hace venezolano por nacimiento. Según el Winter Agreement, que rige las relaciones entre la gran carpa y las ligas del Caribe, tiene derecho a jugar como nativo en la LVBP, aunque no cuente con documentación emitida por el SAIME.

Los Leones supieron de eso hace unos tres años. El monticulista nacido en Florida fue tentado para mudarse al estadio Universitario, asegura una fuente con acceso a información sobre la gerencia del equipo. No lo hizo.

Los Cardenales también supieron de Farquhar. Quizás fuera porque se declaró agente libre y firmó con los Marineros, la organización con la que Lara mantiene estrechos lazos; tal vez se debió a que el diestro perdió su estatus de prospecto; el caso es que finalmente vino al país para la temporada 2012-2013.

Fue el “noveno importado” de los crepusculares, según la velada crítica de algunos rivales, o el regreso a casa del hijo pródigo. Como quiera verse, el serpentinero vio acción como criollo y hasta fue uno de los mejores relevistas del torneo.

Ahora Farquhar lucha por quedarse en el roster grande de Seattle. Tiene una opción clara de hacer el equipo o, cuando menos, de ser subido a lo largo de 2013.

Cuando eso ocurra, ¿qué trato le daremos?

¿Será Farquhar el venezolano número 288 en las grandes ligas? Lo sería, si estuviera por debutar. Pero él ya jugó en las mayores.

¿Será el número 290? Lo sería, de no haberse estrenado ya y si contamos a todos los que han pasado por un roster activo en temporada regular, aún sin estrenarse.

¿Será el 294? Es el número que le corresponde si, siendo estrictos, contamos también a quienes han estado en las grandes ligas, sin jugar y en la lista de incapacitados.

¿O será el 272? Es el número que los ortodoxos conceden a Freddy Galvis. También es el que le correspondería a Farquhar, según la fecha de su estreno, si asumimos que la Constitución decretó su nacionalidad mucho antes de venir a reforzar a los larenses.

Ningún caso ilustra mejor la existencia de agujeros negros en la forzada historiografía de Venezuela en la gran carpa.

¿Cuántos nativos han pasado por allí? La respuesta depende de la posición que cada quien tenga.

Son 287, según quienes únicamente consideran válido haber disputado al menos un partido.

Son 289, según aquellos que consideran válidas las pasantías de Luis Oliveros y José Yépez por la banca de los Marineros, sin llegar a entrar en acción.

Son 293, según esos que, apegándose a las reglas que conceden antigüedad y sueldo de grandeligas a quienes se encuentran en las listas de incapacitados, incluyen en la cuenta a Rendy Espina, Omar Poveda, Reegie Corona y Mauricio Robles, pese a que nunca llegaron a debutar.

Pueden, incluso, ser 294, si se toma en cuenta al barquisimetano Josh Barfield, bigleaguer en pleno derecho, que nunca conoció al país donde nació, no quiso actuar en la LVBP, jamás tramitó sus papeles ni pidió representar al Resto del Mundo, es decir, a Venezuela, en el Juego de Estrellas del Futuro.

Llevar la cuenta del número de venezolanos que pasan por las mayores puede ser una costumbre tonta o una muestra de extremismo, según se mire.

Hace una década, el diario El Nacional incluyó en cada nota sobre un jugador recién ascendido el siguiente colofón: “es el venezolano número x en llegar a las grandes ligas, si se cuenta a Aurelio Monteagudo, nacido cubano y posteriormente naturalizado”.

Rubén Mijares resolvió la diatriba como saben hacerlo los buenos periodistas: indagó, hasta hallar el acta de nacionalización de Monteagudo. El pitcher de Caibarién era cubiche el día de su estreno, el 1° de septiembre de 1963, pero ya era venezolano por adopción el 16 de julio de 1967, cuando defendió a los Medias Blancas.

Sí, Monteagudo tiene derecho a pertenecer al listado. Pero ¿dónde ponerlo?

¿Cómo el noveno integrante de la embajada nativa, aceptando en retroactivo su paso por las mayores cuando era ciudadano de Cuba? ¿O se hace justicia con los hechos y se le concede el peldaño número 14, detrás de José Herrera y delante del “Látigo” Chávez, tomando como buena la fecha de su primer pitcheo con pasaporte vinotinto?

Piensen en todo eso cuando sepan que otro criollo llega a la gran carpa. Y piénselo, sobre todo, si en los próximos días se reestrena Farquhar.